domingo, 29 de mayo de 2016

GANADOR DEL PREMIO HUELVA DE PERIODISMO 2015 (España)

Javier Ronchel, Premio Huelva de Periodismo 2015



La Asociación de la Prensa de Huelva reconoce con este galardón el reportaje "El último nombre de William Martin".
El reportaje "El último nombre de William Martin", escrito por el periodista onubense Javier Ronchel Domínguez, ha sido reconocido con el Premio Huelva de Periodismo 2015, convocado por la Asociación de la Prensa de Huelva y patrocinado por la diputación provincial. El trabajo fue publicado por el diario “Huelva Información” el 3 de mayo de 2015.

El jurado considera el trabajo de Ronchel “minucioso y muy bien estructurado para describir un hecho decisivo en la historia moderna que tuvo también como protagonista a Huelva, convirtiéndola en pieza clave en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial”, según informa la asociación en una nota.

Asimismo, el jurado ha destacado el diseño del reportaje y la calidad de su infografía, así como el esfuerzo por divulgar un hecho histórico sobre el que aún quedan muchas incógnitas. 

El jurado del certamen ha estado integrado por Manuel Ovalle Álvarez, como presidente, Paloma Contreras Pulido, Guadalupe Rubio Gutiérrez, Gerardo Macías Prieto, Rafael J. Terán y Concha Garrido Hidalgo como secretaria. El galardón está dotado con 3.000 euros.


 

El último nombre de William Martin


Las investigaciones más recientes sobre el caso revelan que el cadáver utilizado por los británicos fue realmente de John Melville y que sus restos no están en la tumba de Huelva

JAVIER RONCHEL HUELVA | ACTUALIZADO 03.05.2015 - 01:00




Jesús Copeiro y Enrique Nielsen, ante la tumba de William Martin en el cementerio de La Soledad, en Huelva.





Playa de la Bota, Huelva. 30 de abril de 1943, 9:30. El cadáver de un militar británico aparece flotando en el agua con un maletín sujeto a una de sus muñecas mediante una cadena. Este episodio, aparentemente fortuito, estaba a punto de contribuir al éxito de uno de los capítulos decisivos para la derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial. El jueves se cumplieron 72 años de aquella singular mañana; precisamente el mismo día que, dos años después, se suicidó Hitler en su búnker de Berlín. El Führer personalmente fue engañado por la estratagema de los servicios de inteligencia del Ejército británico, bautizada como Operación Mincemeat (Carne picada) y ejecutada en territorio onubense. Pero todavía, casi tres cuartos de siglo después, sigue siendo un misterio. A pesar del tiempo transcurrido, de la desclasificación de archivos secretos, de la publicación de varios libros y hasta de la filmación de una película. Las piezas de la versión oficial no encajan. Ahora dos investigadores onubenses han recopilado pruebas suficientes para dudar de su autenticidad, apuntar una alternativa muy válida a la identidad dada hasta ahora al cadáver y desmentir que sus verdaderos restos descansen en la tumba que figura en el cementerio de Huelva a nombre del mayor William Martin, el hombre que nunca existió. 

Los antecedentes de la historia se remontan a pocos meses antes, a enero de 1943, cuando en la Conferencia de Casablanca los aliados aprueban la estrategia a seguir en la guerra, con la denominada Operación Husky, que suponía la invasión de Sicilia para ocupar Italia, eliminando el principal apoyo de la Alemania nazi. Dos oficiales de inteligencia del Almirantazgo y del Ministerio del Aire británicos, Ewen Montagu y Charles Cholmondeley, respectivamente, idearon un movimiento previo para hacer creer al enemigo que el desembarco aliado en el Mediterráneo se produciría en Cerdeña y Grecia para que desviaran las tropas apostadas en Sicilia y quedara el camino libre en ese punto. Cholmondeley pensó en utilizar un cadáver con documentación falsa para que los nazis cayeran en la trampa. Nació así la Operación Mincemeat, de la que Montagu fue su principal ideólogo. 

La clave del éxito radicaba en la necesaria sutileza del engaño para que fuera considerado real. Por eso se pensó en dejar el cadáver al alcance de los alemanes pero a través de España, país neutral en el conflicto pero con una evidente conexión con la Alemania de Hitler. ¿Y por qué Huelva? Simplemente porque la provincia era uno de los puntos más activos del espionaje de los dos bandos, y en la ciudad operaba uno de los agentes alemanes más implacables: Adolfo Clauss. 

El investigador onubense Jesús Copeiro, gran especialista en este tema, autor del libro Espías y neutrales. Huelva en la Segunda Guerra Mundial, asegura que la capital onubense era entonces como Casablanca, por una notable presencia extranjera al hilo de la industria minera en la zona y el tráfico portuario, que se acompañaba de una intensa actividad de espionaje a la sombra del consulado alemán y el viceconsulado británico, además, con sabotajes y bombas. "Alemanes y británicos jugaban juntos al golf durante el día y por la noche se daban de tortas en el puerto", le gusta contar a Copeiro con todo el simbolismo de la época. 



LA CREACIÓN 

Ewen Montagu tomó un cadáver al que le dio una identidad falsa, la del mayor William Martin. Preparó todo con minuciosidad: tarjetas de identidad, placas de identificación, recibos de alojamiento y de sastrería, carta y foto de una prometida y, lo más importante, una valija en la que incluyó cartas oficiales de alto secreto, autografiadas por los altos mandos, en las que se sugería que el verdadero objetivo para la invasión aliada, al margen de las campañas de bombardeo habituales en Sicilia, eran Cerdeña y Grecia. El cuerpo fue trasladado hasta la costa de Huelva por el submarino Seraph y soltado el 30 de abril para hacer creer que Martin había fallecido ahogado tras ser abatido su avión frente a las costas africanas. 

Pero una de las claves de la operación era la disposición de un cadáver que respondiera a los síntomas de haber muerto ahogado. Montagu se encontró con un problema en este punto pero al parecer lo resolvió utilizando el cuerpo de un mendigo fallecido por neumonía unos meses antes. Fue la primera versión oficial, que dio el propio Montagu en 1953, en su libro El hombre que nunca existió. Justificó esto por tratarse de un indigente sin familia y por las similitudes de los síntomas de ambas muertes en los pulmones del fallecido. Decía que de esta forma engañaría a las autoridades españolas cuando le practicaran la autopsia al cadáver, que no creía fuera exhaustiva en España, y más al tratarse de un hombre que hicieron pasar por católico. 



LA SEGUNDA VERSIÓN 

Pero hubo una nueva historia oficial, conocida en 1996, que atribuía la identidad del cadáver a Glyndwr Michael, supuestamente también vagabundo galés que falleció en enero suicidado por ingestión de matarratas. Esto hacía de la primera narración de Montagu una pista falsa que dejaba claro que jugó en todo momento al despiste, aunque mantenía su confianza en que el análisis forense no sería el adecuado en Huelva. 

El joven pescador puntaumbrieño José Antonio Rey María sacó el cuerpo del oficial inglés del agua aquella mañana del 30 de abril y, tras dar parte a la Guardia Civil, se procedió a su entrega a las autoridades, que incluyó el traslado a Huelva en canoa y su depósito en el cementerio de la ciudad. El portafolios y las pertenencias del cadáver estaban custodiados ya en la playa por el juez instructor de la Marina, Mariano Pascual del Pobil. Éste, anglófilo, ofreció la documentación al vicecónsul británico, Francis Haselden, quien se desentendió para no entorpecer -ya que era la única persona al corriente de Mincemeat en Huelva-, instando antes a su entrega protocolaria a las autoridades españolas superiores. Y es ahí cuando aprovechó Adolfo Clauss, miembro reputado del Abwehr, el servicio de inteligencia alemán, para tener acceso a las pertenencias, examinarlas y fotografiarlas con cuidado para remitirlas a Berlín. 

Al cadáver, mientras, le fue practicada la autopsia por el médico forense titular en Huelva, Eduardo Fernández del Torno, hombre de reconocida valía, con 32 años en la profesión, que determinó la muerte de William Martin debido a "asfixia por inmersión", aunque no sin plantear algunas dudas por el tiempo transcurrido desde el óbito. Y aquí se presenta una de las principales lagunas de la segunda versión oficial: si el cadáver correspondía a un mendigo que había muerto por ingestión de matarratas (con una composición en la época basada en el fósforo), ¿por qué un doctor con la experiencia de Fernández del Torno iba a equivocar su diagnóstico? 

Jesus Copeiro y Enrique Nielsen, autores de William Martin. Desentrañando la trama, han investigado esto con detalle. De entrada, aún en la época, descartan que pudieran confundirse las causas de la muerte por tener síntomas diferentes, perceptibles incluso a simple vista. Lo apoyan, además, en la propia experiencia del forense en muertes por ahogamiento en la costa, aportando el detalle con que se practicaban entonces las autopsias en Huelva, incluso en la propia playa, como ocurrió con dos aviadores norteamericanos que aparecieron muertos en Matalascañas. Por otro lado, apunta Nielsen, "¿cómo podrían tomar a un vagabundo, deteriorado por vivir en la calle, por un elegante oficial inglés, de aspecto refinado y con cuidados?". Más piezas que no encajan. 



JOHN MELVILLE 

La respuesta la aportan ellos mismos, respaldando las averiguaciones realizadas en Escocia por los investigadores locales Colin Gibbon y John Steele, dando una nueva identidad al cadáver. Éste sería, en realidad, un marino llamado John Melville, fallecido el 27 de marzo en el hundimiento del portaviones HMS Dasher frente a la costa escocesa. En este siniestro fallecieron 379 marineros que, con la Operación Mincemeat en marcha, se convirtieron en los mejores candidatos a suplantar a William Martin, por su condición de militares y, sobre todo, por haber fallecido ahogados días antes. 

La pregunta es obligada: ¿por qué tanto celo en ocultar la verdadera identidad del cadáver? La alta consideración de los caídos del Ejército y el tratamiento de los cadáveres, especialmente en Gran Bretaña, eran un obstáculo a la hora de disponer de un cuerpo para una operación militar. No se consideraba moral ni honorable hacer algo así pero la ocasión era perfecta y había que hacer todo lo posible para que los alemanes creyeran el engaño, sin dejar a la improvisación ningún detalle. "El propio Montagu -cuenta Copeiro- instó a que la operación se aprobara por vía de urgencia precisamente tras el hundimiento del Dasher, asegurando que era el momento ideal". 

Las investigaciones realizadas en torno a esta vía apuntan de nuevo a desmontar la versión oficial. El cadáver de Glyndwr Michael, que se encontraba en Londres, fue trasladado por Montagu en una furgoneta a la base escocesa de Holy Loch -precisamente muy cerca del punto donde se hundió el Dasher- para embarcar en el submarino Seraph, que se desplazó también hasta allí desde la costa oriental. "¿No hubiera sido más fácil que se trasladara el submarino hasta una base cercana a Londres, o que el cuerpo se llevara hasta la base de Blyth, donde estaba el sumergible?", se pregunta Nielsen, quien tampoco se explica cómo existen hasta tres fotografías de ese traslado en las que se ve a Montagu y Cholmondeley, entre otros, posando junto a la furgoneta y el contenedor del cadáver. "¿No era una operación ultrasecreta?", recuerda. 

La identificación de Melville como William Martin se apoya también en los testimonios recabados en Huelva, que hablan de un hombre alto, con signos de ahogamiento y la cara ennegrecida, que podría ser a causa de quemaduras solares en el agua, pero también de los efectos de la explosión del Dasher. Además refrenda esta tesis el hecho de que el cuerpo de Melville no fuera entregado a su familia para llevarlo a su ciudad de origen, siendo enterrado en Ardrossan, ciudad frente a la que naufragó el portaviones. 

Pero quizá la prueba final sea el reconocimiento de la Royal Navy de la participación de John Melville en la operación Mincemeat. En octubre de 2004, en un homenaje celebrado en Chipre a bordo del actual HMS Dasher, destacado en la zona, se citó a la hija de Melville, Isobel Mackay, para rendir tributo a "este marinero que salvó numerosas vidas en la invasión de Italia". Aunque la cita fue desmentida posteriormente por las autoridades británicas, en una carta enviada desde el Cuartel General de la Flota de la Royal Navy se apuntó año y medio después que "investigación reciente muestra que el cuerpo usado en el engaño fue el de John Melville, un marinero del HMS Dasher". 



EL ROBO DEL CUERPO 

Quizá la única forma de confirmar este dato de manera definitiva sea abrir la sepultura de Melville en Ardrossan. O la de William Martin en Huelva. Aunque todo apunta que habría de abrirse una fosa en una localidad portuaria italiana, La Spezia, donde muy probablemente descansa el cadáver que protagonizó la Operación Mincemeat en Huelva. Es el otro gran hallazgo en la investigación realizada por Copeiro y Nielsen, que cuestiona abiertamente el contenido de la tumba onubense. ¿La explicación? "El cadáver fue robado por Adolfo Clauss del cementerio y embarcado en un submarino alemán, el U-616, frente a la costa de Huelva. Después de ser traspasado al U-565, fue llevado a La Spezia para que le fuera practicada una nueva autopsia por forenses alemanes. Sólo cuando se tuvo ese resultado, que corroboraba la historia de William Martin, Hitler dio la orden de desplazar las tropas a Cerdeña y Grecia, dejando vía libre a la Operación Husky", explica Nielsen. 

"El hijo de Adolfo nos lo contó hace años. Se lo confesó su padre, a la salida del cine, cuando vieron la película que se hizo de la operación. 'Todo eso es mentira. El cuerpo no está enterrado ahí, nos lo llevamos nosotros', le dijo. Esto nos hizo pensar en esta posibilidad y nos pusimos a investigar", añade. 

Nielsen y Copeiro trabajaron entonces con los archivos navales alemanes y descubrieron la presencia del U-616 muy cerca de Huelva en las fechas de la operación: cómo corregía su rumbo, se acercaba a la costa de Huelva y permanecía allí hasta que probablemente una de las embarcaciones al servicio del espía Clauss, a las 4:00 del 3 de mayo, embarcó en el submarino el cadáver previamente robado del cementerio. Un mensaje confirmaría la carga 

Jesús Copeiro está seguro de que el agente de la Abwehr aprovechó que el cuerpo fue dejado la noche del 1 de mayo sin vigilancia en la caseta donde se realizaban las autopsias en el camposanto de La Soledad. "El edificio está pegado a la entrada, con vallas bajas y accesibles, sin vigilancia alguna. Clauss se pudo llevar entonces el cadáver sin problemas. Si se hubiera considerado a Martin protestante, hubiera sido custodiado y enterrado en el cementerio inglés. La dificultad hubiera sido mucho mayor en ese caso", cuenta Copeiro. 

Aunque el agente había transmitido a Berlín copias de la documentación incautada e informado de las conclusiones de la autopsia realizada por Fernández del Torno, Adolf Hitler no se fiaba: "¿Y si el cadáver no fuera auténtico y se trata de un engaño?", le dijo a uno de sus oficiales. Pero entre esa frase, tras recibir la información de Adolfo Clauss, y el 14 de mayo, cambió de opinión: "El Führer no está de acuerdo con la idea del Duce de que el punto más probable de una invasión sea Sicilia. Según su opinión, los documentos anglosajones descubiertos confirman que el ataque será dirigido principalmente contra Grecia y el Peloponeso", escribió el almirante Doenitz ese día tras una reunión con Hitler. 

Lo que transcurrió en ese intervalo fue precisamente la operación por la que Clauss secuestró a William Martin, que fue trasladado hasta el puerto de La Spezia, al norte de Italia, donde llegó en la madrugada del 12 de mayo para que le fuera practicada una segunda autopsia por médicos alemanes. Los análisis practicados confirmaron el examen realizado en Huelva por Fernández del Torno. Aunque, al igual que no hay rastro del informe forense del onubense -quemado en un incendio de los archivos navales de San Fernando en 1979- tampoco están accesibles los de la operación alemana, guardados en archivos recuperados por los británicos tras la derrota nazi. 



Pero fue el mismo 12 de mayo cuando el alto mando nazi ordenó el movimiento de tropas desde Sicilia para aumentar las defensas de Cerdeña y Grecia. Justo lo que pretendían los aliados -británicos y estadounidenses- cuando dieron vía libre a Montagu y su Operación Mincemeat. Fue entonces cuando al primer ministro británico, Winston Churchill, de visita en Nueva York, le llegó un mensaje en clave: "Mincemeat swallowed whole" ("Carne picada tragada entera"). El propio Montagu podría haberlo firmado porque la historia que él inventó ha engañado durante 70 años a todo el mundo. Hasta ahora.



FUENTE:                                Huelva Información



LOS CAZADORES DE CONCURSOS LITERARIOS XIV (FEBRERO 2016) Publicado el concurso, el martes 29 de diciembre del 2015 en el Blog. 


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